Tras la lectura de «cosas de las hermanas clío y erató»

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Por Teresa Cubas Lara
(Escritora y poeta española)

Querido Sergio, terminé de leer el texto de tu libro aprovechando unos días que tomé de vacaciones en la zona de Galicia, en el Norte de España, a donde fui en busca de fresquito, aunque lamentablemente la ola de calor había invadido la totalidad de España y, al parecer, de casi toda Europa.

Lo primero, reconocer que es una Antología en toda regla –¡sesenta trabajos!–, ante la que hay que quitarse el sombrero (que decimos por acá), por cuanto dejas reflejado un hacer paciente y laborioso testigo de tu pasión por la literatura y la historia de la vida cotidiana, como bien dices. Eres en definitiva un minucioso arqueólogo de la historia.

Subrayé múltiples frases y anécdotas de esas que hacen interesante la lectura y que –de tener alguien cerca– nos gustaría comentar:

Entre todos los capítulos reconocí muy especialmente en «AMMO-GOKIO Y AMBEING» el cálido homenaje que dedicas a tus ancestros indígenas.

En «NADIE PODRÁ OLVIDAR A JACOB GRIMM», dices: «Estaban tan contentos que organizaron una fiesta olvidando que había sido el joven flautista quien había conseguido alejar a los ratones»… ¡Ay, el olvido!, con razón diría Platón que es el gran pecado del hombre.

«EL CHAMIZAL Y EL PRESIDENTE KENNEDY», resulta que los norteamericanos confundieron la amistad con la mitad de nuestra extensión superficial. / O la chispeante anécdota que recoges respecto al reloj, cuando Kennedy le dice a vuestro presidente: «¡Qué bonito reloj tiene usted, señor presidente!», y este, inesperadamente, se lo quita y se lo obsequia. Sólo que al cabo de un rato, el impenitente Casanova le dice a Kennedy: «¡Qué bonita esposa tiene usted», a lo que –sin entrar en el juego– Kennedy responde quitándose el reloj: «¡Le devuelvo su maldito reloj!»

«OTEANDO A LA POESÍA YAQUI…». Cuánto nos enseñan las antiguas cosmogonías. Apenas asomarnos a ellas, aflora un simbolismo universal que pudiera poner luz en nuestros días: «Dentro de su cosmogonía la muerte se presenta como algo natural, una etapa transitoria, ya que consideran al alma como algo inmortal». Y luego el magnífico JURAMENTO YAQUI, o los deliciosos poemas que siguen a continuación…

«EL CAPITÁN OCAMPO», en particular el artículo 15 de su famosa Epístola: «Declaro en nombre de la Ley y de la Sociedad, que quedan ustedes unidos en legítimo matrimonio. Que este es el único medio moral de fundar la familia, de conservar la especie y de suplir las imperfecciones del individuo…». Según dices, texto ya abolido en 2007 pero que aún se sigue escuchando en las ceremonias matrimoniales a domicilio.

«CUÁNTOS ERAN LOS REYES MAGOS», me encanta cuando dices: «Debo afirmar, estimados lectores, que no soy católico de regadío, simple y llanamente un creyente de temporal y en ocasiones de agostadero…».

«VIDAL LÓPEZ COTA, UN POETA LOBO SOLITARIO», las palabras que recoges de Jorge Santayana: «El amor hace poetas y el acercamiento a la muerte nos hace filósofos».

«INOLVIDABLE LILÍ MARLEEN». Muy interesante el rastreo histórico que pones a disposición del lector del origen de la famosísima canción, aquella que escuchaban con la misma nostalgia soldados alemanes y aliados… ¡Qué gran poder el de la música que puede unir lo que la insensatez de los hombres ha destruido!

«SAINETE DEL BURRO POLÍTICO, CON PERDÓN». Es de agradecer lo que –siendo mexicano– nos cuentas de Pedro Muñoz Seca, que aquí los españoles seguro no sabemos. Y ese encantador poemita de su sainete: «Tengo un borrico canelo más sabio que un profesor, con orejas de ministro y ojos de gobernador…»

«UN AUTÉNTICO DEFENSOR DEL PAN». «¡Cómo te engañas, labrador! –responde el joven poeta–. Los dos trabajamos lo mismo y podemos decirnos hermanos; porque si tú vas sembrando en la tierra, yo voy sembrando en los corazones. Tan fecunda es tu labor como la mía: los granos de trigo alimentan el cuerpo, las canciones del poeta regocijan y nutren el alma» (…) «Esta poesía nos enseña que (…) en vez de marchar separados y considerarnos enemigos, debemos caminar inseparablemente unidos».

Para terminar, respondo a tus palabras de la Introducción: «Mi único deseo es que los lectores encuentren en este libro al menos un instante de agradable o interesante lectura».

En lo que a mí se refiere… ¡lo has conseguido!

Desde Madrid, España, un gran abrazo.

Teresa Cubas Lara.

Agosto 15 de 2022.

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