Fuegos fatuos Compilación de Sergio Ávila R. Por Álvaro Obregón

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Cuando el alma del cuerpo se desprende

y en el espacio asciende,

las bóvedas celestes escalando,

las almas de otros mundos interroga

y con ellas dialoga,

para volver al cuerpo sollozando:

sí, sollozando al ver de la materia

la asquerosa miseria,

con que la humanidad en su quebranto

arrastra tanta vanidad sin fruto,

olvidando el tributo

que tiene que rendir al camposanto.

Allí donde el “monarca y el mendigo”

uno de otro es amigo;

donde se acaban vanidad y encono

allí donde se junta al opulento

el haraposo hambriento

para dar a la tierra el mismo abono.

Allí todo es igual; ya en el Calvario;

y aunque distintos sus linajes sean

de hombres, mujeres, viejos y criaturas

en las noches obscuras

los fuegos fatuos 1 juntos se pasean.

NOTAS

Al mes siguiente de la muerte del autor, en el periódico “El Tucsonense” fechado el 7 de agosto de 1928, p. 4, se publicó este poema. Resulta sorprendente y admirable que el Gral. Álvaro Obregón, aparte de haber sido un gran político y militar, se diera  tiempo para plasmar sus más hondos sentimientos a través de la poesía. El sonorense presentía su muerte, y convencido estaba de la debilidad e igualdad del ser humano.

1 Inflamaciones de fósforo y metano, principalmente, que se elevan de las sustancias animales o vegetales en putrefacción, formando pequeñas llamas que se ven arder en el aire, a poca distancia de la superficie del agua en lugares pantanosos y en cementerios.

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