Cuauhtémoc: la frase que dijo el último tlatoani azteca mientras los españoles lo torturaban

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A Cuauhtémoc le quemaron los pies los españoles, cuando querían investigar en donde estaba el tesoro de Moctezuma.

La época de la Conquista de México por parte de españoles, liderados por Hernán Cortés, es uno de los episodios más amargos que se pueden encontrar en la historia de México. Y es que el conquistador logró sublevar a los mexicas gracias a las alianzas que hizo con otros pueblos que eran sometidos por los gobernados por Moctezuma, como los tlaxcaltecas.

Cortés y sus hombres llegaron por primera vez a tierras mexicanas a inicios de 1519, y el primer lugar que pisaron fue Cozumel, frente a Playa del Carmen. Venían de Cuba, en donde se encontraban con el gobernador Diego Velásquez.

Poco a poco, los españoles fueron avanzando hacia el centro del país, luchando contra indígenas a quienes derrotaban y al darse cuenta que tenía problemas con la forma en la que los aztecas los sometían y les cobraban impuestos, les proponían unirse a ellos para derrotarlos.

Moctezuma, quien en el momento en que llegó Cortés a Tenochtitlan era Tlatoani, se encontró con el español el 8 de noviembre de 1519. Poco a poco Cortés fue sometiendo al pueblo azteca, hasta lograr que el mismo pueblo asesinara a pedradas a Moctezuma, por los que ascendió su hermano, Cuitláhuac, quien duraría unos 80 días en el poder, pues se enfermó de viruela, mal traído por los españoles, y moriría a causa de la enfermedad.

Siqueiros representó este momento (Foto: INMBA)Siqueiros representó este momento (Foto: INMBA)

Tras esto, ascendería al poder Cuauhtémoc, quien sería el último Tlatoani en Tenochtitlan. Cuauhtémoc era primo de Moctezuma y Cuitláhuac, y tenía entre 18 y 25 años. Tenía experiencia militar y formaba parte de la realeza, pues era hijo del tlatoani Ahuízotl.

El talante de gobernador lo demostró en diversas ocasiones, y al tomar el poder, su visión se centró en expulsar a los españoles y e impedir que éstos se establecieran en los dominios del imperio mexica de manera definitiva. Cuauhtémoc trabajó para fortalecer la ciudad y el ejército para cerrar línea frente a los invasores extranjeros.

Sin embargo, Cortés y sus hombres frenaron los planes del último emperador azteca, cuando después de la histórica derrota conocida como La Noche Triste, ayudados por los tlaxcaltecas, iniciaron una afrenta que terminó con la rendición del pueblo mexica el 13 de agosto de 1521.

Dicha fecha coincide con la captura del tlatoani Cuauhtémoc, quien al ser llevado con Cortés, le pidió al conquistador que lo asesinara con el puñal que llevaba en el cinto, pues prefería morir en ese momento a no cumplir con el objetivo de defender al pueblo de la invasión.

Foto: Cuadro «La Llegada», de Augusto Ferrer-DalmauFoto: Cuadro «La Llegada», de Augusto Ferrer-Dalmau

Una vez preso, fue cuestionado sobre el destino del oro que le fue arrebatado a los españoles durante la batalla de la Noche Triste, fecha en la que la escuadrilla tenía planeado huir de Tenochtitlan en canoas cargadas de tesoros saqueados.

Con el afán de obtener información del lugar donde se encontraba lo que se conoce como el Tesoro de Moctezuma, y como castigo a los planes que tenía para revelarse, Cuauhtémoc fue sometido a suplicio, y fue torturado. Al huey tlatoani le quemaron los pies para que confesara el lugar en donde se encontraba el gran tesoro, sin embargo se cuenta que Cuauhtémoc aguantó la tortura y humillación y se negó a revelar la información.

El señor de Tacuba, quien lo acompañaba en la tortura, le solicitó a Cuauhtémoc que dijera en donde se encontraba el tesoro, pues los tormentos de la tortura ya no los aguantaba. Tras esto, el tlatoani azteca lo miró con ira y le dijo: “Yo estoy en algún deleite o baño”.

Esta tortura es conocida como el “Tormento de Cuauhtémoc”.

Moctezuma II (Foto: INAH)Moctezuma II (Foto: INAH)

En los años siguientes, el tlatoani fue prisionero y fue utilizado con fines políticos de Cortés, hasta que el español fue informado de que supuestamente había planes por parte de Cuauhtémoc de iniciar una rebelión con la que se planeaba asesinarlo y culminaría con el destierro de los españoles.

La teoría conspirativa alertó a Cortés, pues Cuauhtémoc aún representaba una figura importante en el pueblo mexica. Por ello, Cortés, en medio de una expedición a Honduras, ordenó que se asesinara a Cuauhtémoc, quien fue ahorcado en un árbol de pochote en 28 de febrero de 1525.

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