LOS HUEVOS DE MARCO ANTONIO ERAN EL MENOR DE LOS TESOROS DE CLEOPATRA

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CLEOPATRE CLEOPATRA 1963 de Joseph L. Mankiewicz Loris Loddi Elizabeth Taylor. COLLECTION CHRISTOPHEL © 20th Century Fox historique; history; biopic; biographie; biography; peplum; Caesarion; Cesarion; Ptolemee XV (Photo by 20TH CENTURY FOX / Collection ChristopheL via AFP)

Al día de hoy, no existen publicaciones científicas serias que documenten el descubrimiento de los huevos de Cleopatra. Si existieron, fueron el más ínfimo de sus lujos.

Corrían los últimos años de la República en Roma. Al país le interesaba mantener sus relaciones estratégicas a flote, creciendo, robustas. Lo que es más: querían expandir sus influencias más allá de la actual bota itálica. Con puntos de contacto hasta Egipto, los romanos orquestaron campañas colonizadoras hasta el otro lado del mundo conocido, siguiendo los pasos de Alejandro Magno. Fue así como Marco Antonio llegó a Alejandría. Ahí conoció a Cleopatra.

Una coyuntura convulsa cerca del Nilo

Egipto
Fotografía: Jeremy Bezanger / Unsplash

A pesar de las dramatizaciones que se han hecho a lo largo de los siglos, el romance entre Marco Antonio y Cleopatra puede entenderse como el producto de una coyuntura política, social y militar. En ese momento, Roma tenía en sus planes una expansión mercantil y económica, que le garantizara el contacto con algunos de sus aliados comerciales más poderosos. En muchos sentidos, Egipto era un obstáculo.

Años antes de estas intervenciones, la dinastía ptolomeica en Egipto se había establecido como una de las más descuidadas con el pueblo, los recursos y las relaciones con otros imperios. Corruptos, desatentos y endeudados, estos gobernantes macedonios terminaron en pocos años con la solidez social que se había construido a lo largo de milenios. Quizá el más polémico de todos fue Ptolomeo XII, cuya administración destacó por sus derroches, extravagancias y excesos.

La última de las reinas de esta dinastía fue Cleopatra VII, su hija. Tras la muerte de su padre, heredó el trono con tan sólo 18 años. Para entonces, ya había escrito tratados médicos, conducía su propia flota de guerra, era una lingüista reconocida entre los escribas egipcios y una diplomática activa en la política internacional de su país. Como tal, los intereses de otras naciones tenían los ojos en su poder —y en ella también.

Una mujer de múltiples dominios

huevos de Cleopatra

Fotografía: Paramount Studio / Wikimedia Commons

A pesar de las precariedades que habían generado los desórdenes de su padre, Cleopatra fue una mujer de múltiples dominios. En su territorio, contaba con algunas de las maravillas arquitectónicas de la Edad Antigua, ruinas milenarias y una riqueza incomparable en términos navales, culturales y agrarios.

Originalmente, la mujer ascendió al trono como corregente con su hermano menor, Ptolomeo XIII. Sin embargo, los registros históricos de la época atribuyen los logros militares y políticos de esta administración principalmente a ella. En contraste, el asesinato de varios representantes romanos en manos de los egipcios hizo que los dirigentes en Roma no miraran con buenos ojos su administración.

Por esta razón, se organizaron varias campañas militares —varias de ellas, infructuosas— para someterla y derrocarla, de manera que los romanos tomaran posesión de Egipto. Una de éstas fue liderada por Marco Antonio quien, después de varios desórdenes amorosos y políticos, fue enviado a conquistar Alejandría. Tras de pasar años bajo la tutela de Julio César, esta misión concretaría lo que su mentor nunca pudo lograr: conquistar Egipto.

Intereses encontrados

huevos de Cleopatra
Fotografía: Jeremy Bezanger / Unsplash

Marco Antonio tenía un amor profundo por el helenismo y la herencia cultural que había instaurado Alejandro Magno. La dinastía ptolomeica también fue producto de sus campañas de expansión territorial, y Cleopatra cargaba con los mismos cimientos, que se añadieron al conocimiento de un régimen con más de 5 mil años de historia. Así lo describe el lingüista Fernando Lillo Redonet para National Geographic:

“Las abundantes distracciones culturales [en Egipto] ayudaron a aliviar las pesadas preocupaciones del Estado, y Marco Antonio aprovechó al máximo mientras recorría sus territorios”.

Mientras el general romano visitaba los confines del Imperio, Cleopatra lo acompañaba, mostrándole desde la necrópolis de Giza hasta los últimos recovecos del Río Nilo. Fue así como, durante dos años, engendraron una relación amorosa convulsa y confusa, que se asemejaba mucho a la relación que guardaba Roma con Egipto.

 Cuando los altos mandatarios romanos se enteraron de su historia de amor, desconfiaron de la lealtad de Marco Antonio quien, sin saberlo, le hacía regalos generosos a la última gobernante egipcia. Brazaletes, collares, joyas. Corre la leyenda que, incluso, le dio unos huevos incrustados con piedras preciosas, en muestra de su amor incondicional. A la fecha, no existen registros históricos que sustenten la existencia de los huevos dorados de Cleopatra.

Más sobre los dominios de Cleopatra: Así era la Fiesta del Valle, la celebración dedicada a los muertos en el Antiguo Egipto

¿Y los huevos de Cleopatra?

huevos de Cleopatra

The death of Cleopatra (1841), de August German Von Bohm. Imagen: Wikimedia Commons

En completo silencio, el triunvirato en Roma conspiró contra Marco Antonio y Cleopatra. Para entonces, el Imperio Egipcio flaqueaba gravemente, con pocos frentes militares sólidos y una desatención absoluta por parte de su gobernante, quien prefería turistear por sus ciudades favoritas que atender los asuntos políticos críticos que aquejaban a su país.

Incluso en este contexto poco favorable, la faraona llevaba una vida holgada, llena de lujos. Los huevos de Marco Antonio eran el menor de los tesoros de Cleopatra, quien contaba con los Libros de los Muertos de todos sus predecesores, el acervo de conocimiento más grande de la época en la Biblioteca de Alejandría y un sin fin de joyas en casa.

Cuando los romanos la sorprendieron con una invasión secreta, la última gobernante de Egipto prefirió quitarse la vida que presenciar la caída de su Imperio. En manos de los romanos, el colapso era inevitable. Abrumada por el dolor y la angustia política, según narra el mito, Cleopatra se suicidó con el veneno de una cobra egipcia. Con tan sólo 39 años de edad, y junto a algunas de sus sirvientas más leales, expiró.

Los huevos de Cleopatra se quedaron como uno más de los mitos que circularon en torno a su amorío con Marco Antonio que, de inicio, no daba señales de buen augurio. En lanzamientos cinematográficos recientes se afirma que un granjero local los encontró en 1907, confirmando su existencia. A la fecha, no existen publicaciones científicas serias que documenten ese suceso.

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