El PATO MÁS SABROSO

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,l está ubica,                             m  mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmdo entre el hermoso pueblo de San Ignacio, Municipio de Mulege , BCS y La comunidad pesquera , Laguna de San Ignacio. Antes de regresarnos todos al pueblo pesquero, la Bocana, lugar donde trabajaba mi papá, en ese tiempo, en la captura de abulon, le dice mi abuela a mi madre:- “¿porque no nos dejas a José Manuel, un tiempo… porque como sabes, estamos solos tu papá y yo, …ya Jesús el más chico de tus hermanos, está en el Internado de San Ignacio ,así que nos haría muy bien tener la compañía del niño” .
Mi madre y mi papá estuvieron de acuerdo, así que me quedé casi un año completo con ellos.
Me gustaba levantarme muy temprano para acompañar a mi abuelo Natividad a regar los árboles frutales que tenían en una huerta de tal vez unas dos hectáreas. Me encantaba el chasquido que hacian el agua y la arena cuando con el azadón, mi abuelo cerraba las asequias en una forma que a mi me parecía magistral ,para desviar el agua por otra asequia, para que llegara hasta los guayabos, las higueras ,los naranjos, las sandías, y los mangos, que después en tiempo de cosecha saboreabamos con gran deleite.
La casa de adobe con techo de Palma, que habían construido mis abuelos, contaba con un amplio corredor, de piso de tierra, que mi abuela se encargaba de mantenerlo siempre limpio y bien regado, como si fuera haber baile. Tenia a pocos metros de distancia una bonita presa rebosante de agua, que se llenaba de aves de diferentes especies, que se podían admirar con claridad desde el patio de la casa. Y cerca de la presa había un manantial de agua cristalina que me encantaba beber tirado pecho a tierra.
Había escuchado decir a mi abuela , hacia poco tiempo, que tenía muchas ganas de comer pato, y por pura coincidencia a los pocos días llegó un pato a la presa. Así que ni tardo ni perezoso me armé con una gran cantidad de piedras y me hice el propósito de cumplirle el antojo a mi abuela. De tal manera que empecé con mi artillería de piedras, tratando de dar en el blanco…y no podía lograrlo. A veces la piedras se pasaban del pato, otras no le llegaban y otras más le llegaban, pero por los lados.
Así me pasé casi seis horas intentándolo, hasta que al fin di en el blanco y con gritos de júbilo llegué con mi abuela para entregarle la preciada cena.
En la cena mis abuelos me hicieron los más altos honores que un héroe puede merecer. Me sentí en ese momento el niño más orgulloso y feliz del planeta…y más cuando mi abuela con una gran sonrisa me dijo: ” te estuve viendo desde el corredor desde el momento que tiraste la primera piedra…vas a servir mijito , porque el que persevera alcanza”.
Ésas palabras se me quedaron grabadas para siempre.
Descansen en paz mis queridos abuelos…
¡Que tengan una estupenda semana!

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