Martín Avilés. / Humorismo sudcaliforniano/23 03 21/. Análisis de Arturo Meza Osuna.

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MARTIN AVILES
Arturo Meza Osuna.
     Habría que leer “Humorismo Sudcaliforniano“ de Martín Avilés, una selección de las mejores puntadas y chascarrillos sudcalifornianos, algunas del dominio público que Martín ha tenido el atrevimiento de rescatar para que no las olvidemos y volvamos a recrear con su lectura, ese momento, ese preciso momento en que tal personaje saltó con la ocurrencia. Una tarea complicada pues es muy fácil caer en el gracejo corriente y malsonante como en la rigidez intelectual almidonada que opaca la natural gracia que tiene el chiste perspicaz, si no de risa loca, sí de guiños velados, de buen humor mediante una interjección, una frase dicha de tal modo, un remate sutil solo si el lector coopera con la complementación de ese ingenio, el lector también juega. Martin pone las palabras, pone la intención, nosotros ponemos la inflexión.
Por aquí y por allá, el profesor Avilés anduvo recolectando tales cuentos que bien pueden pasar como charras finas, anécdotas gozosas, fragmentos de ocurrencias que encontraron –en buena hora- este testigo excepcional que supo darle la voz necesaria, el tono adecuado, el recato necesario para no ofender ojos y oídos castos y para recetarnos un compendio de la mejor picaresca sudca, con todo y lo que ha quedado en el tintero como para reincidir en el género.
Humorismo sudcaliforniano lleva esa dosis de orgullo que trasciende la identidad de una manera informal que ya los teóricos del asunto habrán de hallar las implicaciones más profundas de la risa y el buen humor. Dicen los que saben que el humorismo es terapéutico, que la risa es analgésica y sedante, modifica la neuroquímica cerebral estimulando hormonas euforizantes naturales igual que el ejercicio físico y la actividad sexual. Cuando nos reímos se mueven 80 músculos al ritmo de las carcajadas. Reír estabiliza el sistema simpático como el parasimpático, distiende la musculatura esquelética, disminuye la presión arterial y duplica la cantidad aire recibida por los pulmones. Resulta en una disminución de todas las hormonas relacionadas al stress e incluso se sostiene que mejora la inmunidad, especial en estos días de pandemia y confinamiento.
Por lo pronto, el profesor Avilés ha encontrado el modo sabroso de describir con limpia prosa esta emoción universal, nada inocente por cierto, que va desde la carcajada abierta, estridente hasta media sonrisa insinuante.
Treinta episodios contados con pelos y señales, con los nombres de los protagonistas que con toda intención resalta Martín en un ejercicio de indiscreción que se agradece, aun cuando algunos, políticos especialmente, no salen bien parados como ese pasaje tan conocido cuando en campaña para senador de la República, al Profe. Jesús Murillo de visita promocional en Todos Santos le encandilaron a La Cachana, Murillo con toda la formalidad de la que es capaz se acercó a saludarla y la llamó como solo los de confianza podían llamarla “señora Cachana”, la de improperios que recibió Murillo aún resuena en la risa burlesca de los todosanteños, igual resuena cuando La Cachana vio al Dr. Cardoza –entonces presidente municipal paceño- y otras autoridades, colocando solemnes una primera piedra con cuchara, pala y cemento en el centro de Todos Santos ¡hasta que están trabajando, cabrones! fue el grito cachano que festejaron los asistentes y autoridades con singular entusiasmo.

Vienen chistes de todo el estado, Martín Avilés no se guarda nada, todo lo suelta, igual que de Todos Santos, La Paz , El Valle, Loreto, San José y también Santa Rosalía tienen los suyos, algunos, me confesaba, son vivencias suyas en su paso por varios pueblos donde se desempeñó como profesor, otros, los escuchó por aquí y por allá y una buena parte que son del dominio público pero que Avilés le pone su pimienta personal para contárnoslos con gracia y pulcritud en el lenguaje.
Son episodios cortos, de no más de dos cuartillas, en las que Martín hace un alarde de síntesis para ilustrarnos como salir al paso en momentos comprometidos como aquel todosanteño, en el concurso de aficionados desafinó de manera estridente, paró la canción para justificarse -es que ando jodidón de la garganta-; o en la picaresca sudcaliforniana que Martín titula “Método Palomita para dejar de fumar” en la que El Palomita, un cachaniense fumador, que acepta regalarle un cigarrillo a una señora pedinche a cambio de hacer uso de su cuerpo. El Palomita, dicen, era un hombre muy bien dotado, de tal manera que, para la señora, fue doloroso el lance sexual. A la siguiente semana se encuentran y es El Palomita quien le ofrece un cigarrillo, a lo que la señora responde- ya dejé de fumar-.

Son de los que “a bote pronto” recuerdo como un ejemplo de la picardía sudca con que el Prof. Martín Avilés nos ilustra y nos hace pasar momentos agradables que, supongo, no es otro el objetivo de éste recopilación que amenaza con un segundo volumen, pues Avilés ha conseguido acumular otro bonche de chascarrillos que pintan, de cuerpo entero, al singular humor sudcaliforniano. Esperemos el segundo volumen de “Humorismo Sudcaliforniano” del Prof. Martín Avilés.

 

 

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