SAHIN, OZLEM Y LA VACUNA PFIZER. Por Arturo Meza Osuna. (Nota narrativa.)

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SAHIN, OZLEM Y LA VACUNA PFIZER.
Por Arturo Meza Osuna.
Viste jeans con saco sport, una mochila en la espalda, en la mano derecha un casco, llega al laboratorio en bicicleta, es el director ejecutivo y fundador de Biontech, Ugur Sahin, nacido en Alejandreta, Turquía en 1955, oncólogo, de raíces humildes, hijo de un emigrado turco, trabajador de la Ford en Alemania. A los cuatro años llegó a Alemania a reunirse con su padre, persiguió tenazmente su sueño de estudiar medicina, Sahin se graduó en 1990 trabajó en hospitales universitarios en Colonia y en la ciudad suroccidental de Homburg, donde conoció a Ozlem Tuereci hija de un médico turco emigrado a Alemania, con quien se casa, Ozlem es, hoy en día, cofundadora y directora médica de la empresa también investigadora y mano derecha de Sahin.
Biontech fue creada por Sahin y Ozlem en 2008, en Mainz, Alemania, ha estado trabajando en el combate al cáncer con anticuerpos monoclonales. Juntos se centraron en el sistema inmunológico como un aliado potencial en la lucha contra el cáncer y trataron de abordar la composición genética única de cada tumor, una vez conocida la secuencia de ADN del tumor, pueden intervenir con ARN mensajero que envía instrucciones para producir células y anticuerpos contra ése tumor, es decir, cada paciente es diferente y requiere de una terapia individual.

El enfoque de la vacuna es el siguiente: sabemos que el coronavirus está conformado de ARN, entonces, se toma parte del código genético del coronavirus, un fragmento de ARN que envía señales a las células humanas, el ARN mensajero con parte del código genético del virus ingresa al cuerpo, la instrucción es, producir la proteína “espícula” del coronavirus o proteína S, el sistema inmunológico humano, se pone alerta, ha entrado un virus (en realidad solo ha entrado la proteína S), de tal manera que pone en juego todas sus defensas, especialmente las células T y la producción de anticuerpos que pueden destruir al coronavirus.
Por eso, en enero de 2020, cuando Sahin lee en Lancet un ensayo del coronavirus recién aparecido en China y su capacidad infectante, BioNTech dio un giro inesperado, Sahin se dio cuenta de lo cerca que estaba su laboratorio que trabajaba con ARN y tumores cancerosos que eran eliminados con inmunoterapia de poder hacer una vacuna de ARN mensajero. La brecha era mínima. Había que intentarlo al proyecto lo tituló “Velocidad de la luz”. La experiencia en la manipulación de ARN mensajero les daba a Sahin y Ozlem la impresión de que ya tenían camino andado cuando la pandemia llegó, esto hizo que sus ensayos se acortaran al mínimo y en marzo del 2020 tenían la vacuna en plena fase preclínica.

Biontech se entracaló, pidieron varios préstamos pero lo que ayudó grandemente a elaborar los proyectos de vacuna fue una contribución del gobierno alemán de 370 millones de euros y, desde luego, la norteamericana Pfizer que aportó su capacidad científica para llevar a cabo ensayos y producción industrial. Desde marzo, asignaron 500 empleados a BiotNTech, para octubre ya se había probado la BNT162b2 (nombre provisional) en 43.538 individuos repartidos en seis países (Sudáfrica, Alemania, Argentina, Brasil, Estados Unidos y Turquía). La mitad de las personas recibe las dosis, mientras que la otra parte toma un placebo, una sustancia que no tiene ningún efecto en el organismo.
Ha habido otros anuncios de BioNTech en datos de 94 voluntarios infectados y reveló que la efectividad fue superior al 90%. Según la información divulgada, no se observaron eventos adversos u otras preocupaciones en esta etapa. El análisis preliminar se completó con 164 participantes diagnosticados con covid-19. Existen algunas dificultades para la BNT162b2 como la necesidad de que se administre más de una dosis en poco tiempo y la de que se mantenga almacenada a muy bajas temperaturas, lo que puede generar dificultades en lugares con menos recursos y capacidades. La BNT162b2 podría representar una revolución en la medicina: será la primera vacuna basada en ARN aprobada en la historia.


Ozlem y Sahin viven en Maguncia, una ciudad a orillas del Rin famosa por su carnaval y por ser el hogar de Johannes Gutenberg, inventor de la imprenta, figuran ahora entre los 100 alemanes más ricos. El valor de mercado de BioNTech, que cotiza en Nasdaq, cofundada por la pareja, se había disparado a 21.000 millones de dólares al cierre de noviembre a los 46.000 millones de hace un año. Una empresa, que dice Sahin, “podría ayudar al mundo a recuperar su sentido de normalidad”.
Alemania tiene una gran comunidad de origen turco, pero estos inmigrantes o descendientes son a menudo víctimas de prejuicios, igual que los mexicanos que emigran a USA. Para el periódico berlinés Tagesspiegel, el éxito de la pareja fue un “bálsamo para el alma” para los alemanes con raíces turcas después de décadas de ser estereotipados en Alemania como “fruteros inexpertos”. Imaginemos que una pareja de hijos de emigrantes mexicanos en los USA hacen una aportación similar, sería realmente glorioso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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