Rembrandt; pintor-profeta de la humanidad Por Sergio Ávila R.

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Rembrandt Harmenszoon van Rijn nació en Leiden el 15 de julio de 1606, y falleció en Ámsterdam el 4 de octubre de 1669. Acaban de cumplirse 414 años de su natalicio. Fue un genio pintor y grabador. La historia del arte lo considera uno de los mayores maestros barrocos de la pintura y el grabado, siendo con seguridad el artista más importante de la historia de los Países Bajos. Su aportación a la pintura coincide con lo que los historiadores han dado en llamar la edad de oroneerlandesa, el considerado momento cumbre de su cultura, ciencia, comercio, poderío e influencia política.

Entre sus mayores logros creativos están los magistrales retratos que realizó para sus contemporáneos, sus autorretratos y sus ilustraciones de escenas bíblicas. En sus autorretratos, especialmente, se observa siempre la mirada humilde y sincera de un artista que trazó en ellos su propia biografía.

Rembrandt tenía un profundo conocimiento de la iconografía clásica y en sus pinturas y grabados solía interpretarla libremente para ajustarla a su propia experiencia. Así, en la representación de una escena bíblica Rembrandt solía combinar su propio conocimiento del texto con su particular concepto de la composición clásica y algunas observaciones anecdóticas de la población judía de Ámsterdam. Por la empatía con que retrató la condición humana, Rembrandt ha sido considerado «uno de los grandes profetas de la civilización».

A principios del siglo XX, algunos estudiosos estimaron la obra de Rembrandt en unas 600 pinturas, casi 400 grabados y cerca de 2000 dibujos. Investigaciones realizadas desde 1960 hasta la actualidad —lideradas por el Proyecto de Investigación Rembrandt, coordinado por varios expertos holandeses sobre el pintor— han reducido esta cifra en unas 300 pinturas, aunque no sin generar cierta polémica. Respecto a los grabados, generalmente realizados mediante punta seca o al aguafuerte, la cifra estimada es más estable, y se aproxima a las 300 piezas.

Muchos de sus autorretratos le muestran con ropajes anacrónicos, o haciéndose muecas a sí mismo. Sus autorretratos muestran la evolución desde el atribulado joven con talento, y el pintor exitoso de la década de 1630 hasta los sombríos retratos de su vejez, de enorme profundidad psicológica. Juntos componen la imagen de un hombre que atravesó todos los estados de la vida, y cuya expresión refleja las fuertes sacudidas que sufrió su espíritu a lo largo de su existencia.

Entre las características más notables de su obra se destacan su uso del claroscuro, el manejo escenográfico de la luz y la sombra —fuertemente influido por Caravaggio, o, más posiblemente, por la escuela de los Caravaggisti de Utrecht— adaptados a sus propios fines.

Igualmente destacables son su visión dramática y emotiva de temas que tradicionalmente habían sido tratados de una forma impersonal: Rembrandt se caracteriza por el sentimiento de empatía que desprende su visión de la humanidad, independientemente de la riqueza o la edad del retratado. Su propio entorno familiar —su mujer Saskia, su hijo Titus, su amante Hendrickje— suelen aparecer de forma visible en sus pinturas, en ocasiones representando temas bíblicos, históricos o mitológicos.

Algunas de sus pinturas son:

1629 – Un artista en su estudio o El pintor en su estudio (Museo de Bellas Artes de Boston, Massachusetts)
1629 – Cristo en Emaús (Museo Jacquemart-André, París)1641 – Niña en un marco (Castillo Real de Varsovia)
1641 – Sabio al pulpitre, (Castillo Real de Varsovia)
1642 – La ronda de noche (Rijksmuseum, Ámsterdam
1653 – El sacrificio de Isaac (Museo Hermitage, San Petersburgo)
1653 – Aristóteles contemplando el busto de Homero, o Aristóteles con un busto de Homero (Metropolitan Museum of Art, Nueva York)
1664 – Lucrecia (Galería Nacional de Arte, Washington D. C.)
1669 – El retorno del hijo pródigo (Museo Hermitage, San Petersburgo)
1669 – Autorretrato a la edad de 63 años (National Gallery, Londres)

En un artículo publicado en la New England Journal of Medicine la profesora Margaret S. Livingstone, del departamento de neurobiología de la Universidad de Harvard, sugiere que Rembrandt, cuyos ojos eran incapaces de alinearse correctamente, padecía estrabismo. Esta conclusión, extraída tras el estudio de 36 autorretratos del pintor, apunta que la incapacidad de establecer una imagen normal mediante visión binocular causó que su cerebro “redujese” la imagen a un solo ojo. Esta incapacidad le pudo haber sido útil a la hora de “aplanar” las imágenes que veía y trasladarlas a un soporte bidimensional como el lienzo.

Según palabras de Livingstone, podría haberse convertido en un gran don para un pintor como él, pues efectivamente «los profesores de arte suelen aconsejar a sus estudiantes que cierren un ojo para aplanar la imagen que ven. De este modo, el estrabismo puede ser no tanto una desventaja, como un beneficio para determinados artistas».

De cualquier modo, uno de los grandes méritos de la pintura de Rembrandt es la habilidad para crear volúmenes tridimensionales, una percepción para la que, quizás, sería necesaria una visión estereoscópica normal.

Podemos apreciar una serie de sus pinturas, mientras escuchamos la Suite para orquesta No. 3 en D mayor de Johann Sebastian Bach, mediante el enlace:

NOTAS
https://es.wikipedia.org/wiki/Rembrandt

 

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