La cirugía en tiempos del covid. Arturo Meza O. /12 05 20/( Relato)

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 LA CIRUGIA EN TIEMPOS DEL COVID. 

  Por Arturo Meza Osuna.    

La urgencia nos envía a la sala de operaciones, el diagnóstico ya está hecho, no hay duda, los intestinos se han obstruido y hay que entrar a permeabilizar el tubo digestivo. La paciente procede del covitario, no tenemos la confirmación de la prueba, sin embargo, para los internistas y neumólogos expertos, la tomografía es muy sugestiva de infección por coronavirus. Para efectos prácticos, es una enferma de covid 19. Afortunadamente no ha requerido de intubación y ventilación mecánica, solo oxígeno por puntas nasales.

Se instala la comunicación, estamos listos y esperando en la sala 5, habilitada especialmente para éstos casos. Los camilleros atraviesan el campo distante del hospital con una camilla protegida por un domo de plástico trasparente, la paciente cubierta por textiles, gorro, cubrebocas, apenas se le puede ver la cara. El equipo quirúrgico mientras tanto se prepara en una sala que han dividido en área blanca y área gris en donde tendrá que colocarse los aditamentos protectores de acuerdo a un protocolo escrito y enmicado a la vista de todos.

Encima del pijama quirúrgico se van colocando doble gorro, dobles botas, cubrebocas N 95 y las gafas. El cubrebocas no tiene entradas de aire laterales, se adapta perfectamente a la boca y nariz mientras las gafas complementan el sello de la cara. La respiración se puede escuchar y empañan las gafas, hay que hacer suspiros constantes para jalar aire y compensar la respiración circular del aire propio. Luego viene el over all o mameluco que cubre desde los pies hasta el capuchón que se cierra con un zípper que solo deja sin cubrir el área de la cara. Pasamos a los lavabos y con cepillos impregnados de jabón yodado nos lavamos tres veces, una hasta el codo, otra hasta el tercio medio del antebrazo y la última hasta la muñeca. Pasamos a la sala donde ya nos espera la instrumentistas para colocarnos la bata con pechera impermeable y nos calza doble guante. Nos sentimos torpes con tanta ropa encima, tratamos de adaptar nuestra respiración, el sudor nos recorre el cuerpo.

La paciente ya está en sala, el anestesiólogo ha decidido un bloqueo alto para no intubar, la maniobra le sale redonda, excelente, tenemos paciente anestesiada sin necesidad de gases anestésicos, una gran ventaja. La cirugía transcurre sin sobresaltos, rápidamente reparamos lo que hay que reparar, 75 minutos, sangrado mínimo, no hay incidentes, el equipo se distiende y empiezan las conversaciones después de ese periodo estresante en que solo se escuchan las peticiones de instrumental, alguna interjección y el ruido de el aspirador, hasta entonces atendemos la música que ha puesto el anestesiólogo que, en este punto se asoma para ver en qué vamos ¿todo bien? –todo bien-


Procedemos a instalar un drenaje sencillo, pedimos la cuenta de textiles usados y empezamos el cierre de la cavidad, va el plano aponeurótico y luego la piel. Se limpia del abdomen la tintura de yodo y se cubre la herida con gasas. La cirugía ha terminado y solo queremos sentirnos libres de tanta protección. Hemos resuelto el problema, damos ánimos a nuestra paciente que está consciente y respira aceptablemente bien. Esperamos que el postoperatorio transcurra sin mayores sobresaltos. Así, empezamos un lento strip tease para retirarnos, por partes cada uno de los aditamentos. Primero la bata, previo lavado de guantes con gel alcohol- ciclohexidina el gorro y se vuelven a lavar los guantes, luego sale el primer par de guantes y se procede a retirar el capuchón del mameluco, se retiran las gafas que se colocan en una solución desinfectante, se vuelven a lavar los guantes, sigue el cubrebocas y así, volvemos a respirar, a sentir el fresco de la sala.

Damos gracias a todos, instrumentista, circulante, ayudantes de cirugía, anestesiólogo, al enfermero que nos asiste y nos dirige en el área gris. Ultimo lavado exhaustivo de manos y a la ducha. Al rato nos reunimos en el vestidor para ponernos ropa limpia, a las taquillas a recoger teléfonos, billetera, relojes y comentar, además de la cirugía que acabamos de realizar, sucesos de todo tipo.

Uno de los ayudantes, un joven residente de segundo año, hurga en el teléfono, envía y recibe mensajes, entonces nos enseña un video que al parecer, se empieza a viralizar en el mundillo sanitario: durante la conferencia matutina del viernes, el mandatario dijo que “antes los médicos únicamente buscaban enriquecerse”, pues estaban “a favor del mercantilismo”. A manera de chiste, el parlanchín Presidente, dice “llegaba el paciente y lo primero que hacían era preguntarle ‘¿qué tienes?’, pero ‘qué tienes de bienes’. Nos quedamos fríos sin atinar que opinar del dislate presidencial, hasta que alguien rompe el silencio: –qué cabrón- Otro –qué mala entraña, qué poca empatía y que inoportuno, en estos tiempos cuando nos la estamos jugando- y otro, simplemente –qué culero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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