VILLA DEL CARBÓN: UN RINCÓN ESCONDIDO EN EL ESTADO DE MÉXICO

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Hay algo de ilusorio en los bosques de Villa del Carbón: los frondosos pinos casi no permiten que llegue la señal del celular y, después de un rato sin distracciones, en ese silencio que se puede sentir navegando en una lancha sobre la Presa del Llano o en la presa Taxhimay, se tiene la sensación de que el tiempo se detuvo o que cambiamos de dimensión. Por Ira Franco

Aun ahora es fácil imaginar por qué fue el lugar favorito de forajidos e insurrectos de siglos pasados: la soledad de sus aguas y las sombras del bosque escondieron alguna vez a los famosos bandidos de Río Frío (retratados por la novela del escritor Manuel Payno en 1889), quienes interceptaban a viajeros y realizaban robos a mano armada para luego vender el botín en los tianguis y ferias dominicales de los pueblos vecinos.

Hoy esta antigua villa productora de carbón mantiene un encanto especial –incluso para los que no somos bandidos–, pues a pesar de estar tan cerca de la capital (se localiza a una hora y media en auto, en la parte noreste del Estado de México, casi con Hidalgo) no hierve de turistas ni intimida con el bullicio de otros sitios similares.

Al llegar al pueblo, nos reciben callecitas empedradas y edificios de estilo colonial que, a pesar de ser encantadores, palidecen ante la naturaleza a su alrededor: es pueblo afortunado donde siempre gana el verde.

Quizá por esta misma razón la gente suele ser hospitalaria y muchos se prestan a dar recomendaciones de lugares atractivos para visitar. A nosotros nos dicen que empecemos por conocer los portales en la plaza principal, donde encontramos pequeños establecimientos con buen café y tiendas que venden licores artesanales de fruta y rompope de sabores recién preparados.

Otra parada obligada es la Parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, que con ese nombre larguísimo y rimbombante alberga la imagen de una virgen “milagrosísima” según reportes de los lugareños.

La leyenda dicta que la Villa era tan bonita, que esta virgen se escondió de los españoles entre los bultos de carbón para que no la llevaran de regreso a España, pues había sido traída desde Salamanca en el siglo XVIII.

Cerca de ahí se puede sucumbir deliciosamente al hambre con una serie de fondas y pequeños restaurantes como La Antigua Chiripa, donde hay la opción de comer carne de venado, barbacoa o los típicos antojitos, con un sazón especial.

Para el postre conviene ir al Xocolarte, donde además de un exquisito chocolate con especias o con naranja (su sabor hacer recordar por qué le llamaban “bebida de los dioses”) hay proyecciones de películas y buena literatura de consulta.

En la misma zona de portales en la Plaza de Hidalgo, no hay que desperdiciar las ofertas en las tiendas con artículos de piel, famosas por sus hechuras, que satisfacen aun al más exigente. Otro tipo de productos, sobre todo artículos de lana, se pueden encontrar en el bien surtido Mercado de Artesanías.

Terminadas las compras, lo mejor es refugiarse en la Casa de Cultura, un edificio sui generis con un reloj tipo californiano en un campanario central.

Si la tarde nos toma con ganas de un paseo, lo mejor es caminar hacia el Parque Municipal, un área verde con un quiosco y un anfiteatro donde con suerte nos tocará una pequeña puesta en escena local.

Aunque el pueblo es agradable, el gran atractivo de esta villa son sus presas con agua cristalina, llenas de peces y fauna local, además de infraestructura para hacer ecoturismo. Una buena opción es quedarse al menos una de las noches de nuestro paseo en una de las cabañas a la orilla, pues hay renta de equipo para canotaje y se organizan torneos en lancha.

La Presa del Llano es perfecta para realizar pesca deportiva de trucha arcoíris con ejemplares que pueden sobrepasar el peso comercial.

Al lado de la presa está el Cerro de la Bufa (homónimo del que está en Zacatecas), idóneo para practicar alpinismo o senderismo por veredas hechas de valles, cañadas y riachuelos. Se trata de un impresionante monolito que paga con creces el esfuerzo de subir con su mirador natural desde donde se ve el nacimiento de un manantial que forma un río y una pequeña cascada.

Primero se puede ir a la presa Benito Juárez, ubicada sobre la carretera Tlalnepantla-Villa del Carbón, dentro de las comunidades de Molinitos y San Martín Cachihuapan, donde rentan cuatrimotos, caballos y además se practica la pesca.

También está Llano de Lobos, al suroeste de Villa del Carbón, con una tirolesa y una extensa zona de acampar.

Sin duda el cuerpo de agua más grande y más interesante en esta región es la presa Taxhimay, ubicada en el kilómetro 4 de la carretera Villa del Carbón-Toluca, donde también se puede pescar, pasear en kayak o hacer un día de campo como hacen muchos lugareños, pues es el lugar favorito de los habitantes de la región para pasar sus fines de semana.

Al dar un paseo en lancha, lo más espectacular es visitar las ruinas de un pueblo fantasma, San Luis de las Peras, que fue hundido a propósito en 1931 a fin de ganar espacio para la presa.

Mucha gente acampa dos o tres días alrededor de la presa y por poco dinero se puede comprar leña para organizar una fogata si se quiere pasar ahí la noche.

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