Aquel viejo, viejo vino Compilación de Sergio Ávila R. Khalil Gibrán. Libanés, 1883-1931

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Existió una vez un hombre rico, muy orgulloso de su bodega y del vino seleccionado por él, y más lo estaba de una vasija con vino añejo que guardaba para alguna ocasión especial.

El gobernador del estado fue a visitarlo y el hombre, luego de pensar se dijo: “No destaparé esa vasija por un simple gobernador”.

Y un obispo de la diócesis lo visitó, pero él dijo para sí: “No, no destaparé la vasija. Él no apreciará su valor, ni el aroma dará placer a su olfato”.

También el príncipe del reino llegó y almorzó con él, pero este pensó: “Mi vino es demasiado exquisito para un simple príncipe”.

Y aun el día en que su propio sobrino se desposó, se dijo: “No, esa vasija no debe ser traída para estos invitados”.

Y los años pasaron, y él murió siendo ya viejo y fue enterrado como cualquier semilla o bellota.

El día después de su entierro, tanto la antigua vasija de vino como las otras fueron repartidas entre los habitantes del vecindario. Y ninguno notó su antigüedad.

Para ellos, todo lo que se vierte en una copa es simplemente vino.

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