Ricardo Rocha. (Opinión). Por Arturo Meza Osuna

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RICARDO ROCHA, LA PENA AJENA.

Por Arturo Meza Osuna.

Ricardo Rocha era muy joven en los tempranos años setentas, delgado, pelo largo, quizás la primera oportunidad de salir en TV fue como ayudante de Talina Fernández que tenía a su cargo la última edición de noticias en el canal cinco de Televisa, el cinco solo desarrollaba programación metropolitana y Rocha aparecía al final de este noticiario para desvelados.

Luego lo vimos como reportero, ocupación en la que ha recibido numerosos reconocimientos, especialmente su  cobertura de la llegada de los sandinistas al poder en Nicaragua. Un reportaje de Rocha que cimbró al país y al poder público fue aquel de la matanza de Acteal en tiempos del presidente Zedillo. Una serie de reportajes que merecieron la atención nacional fueron aquellos que daban cuenta de la situación indígena chiapaneca hasta el levantamiento encabezado por el subcomandante Marcos. Rocha estuvo en Panamá cuando la entrega del Canal, en fin, demostró ser un periodista intrépido y bien preparado.

Como conductor imposible no mencionar “Para Gente Grande” un programa de TV con entrevistas de grandes personalidades, música de la mejor y con colaboraciones de Alberto Domingo –su gurú, decía- Ernesto de la Peña, José Agustín, Carlos Monsiváis, Luis Guillermo Piazza, Armando Ramírez y otros intelectuales que trataban temas de lo más variados, siempre interesantes, impregnados de las artes, las ciencias, Ricardo Rocha le imponía un ritmo tal que nos quedábamos picados, daban la sensación de ser muy cortos, había que esperar la próxima semana. “Para gente grande”  todavía funcionaba cuando se lanza con un programa nocturno, “En vivo” de corte musical por el que desfilaron grupos y cantantes novatos –descubrimientos- y artistas ya consagrados. El programa se extendía hasta la madrugada de finales de los ochentas.

Ricardo Rocha era una de las estrellas de Televisa, sin duda. Unos meses antes de terminar con Televisa, hubo algún altercado corporativo con la reciente TV Azteca que había adquirido Salinas Pliego, Ricardo Rocha se puso del lado, naturalmente, de Televisa y fustigó duramente a TV Azteca  y sus directivos, no los bajó de improvisados. Meses después, la relación con Televisa se extinguió, a pesar de aquella manifestación excesiva de lealtad. Tal baja la disfrazó Rocha con la idea de hacer su propia agencia de noticias que desde entonces se llama Detrás de la Noticia. Al tiempo caería en manos de los Salinas Pliego y ha trabajado con ellos en diversos programas–con la cola entre las patas- pero ya no volvió a ser el periodista estrella que fue en Televisa.

Ciertamente Rocha siempre se mantuvo como amigo de AMLO. Se entendían bien, era de los pocos a los que daba entrevistas, era obvia la corriente de simpatía. Donde quiera que estaba Rocha siempre encontraba a López Obrador y viceversa. Ricardo Rocha debe haber sido de las personas más felices cuando López Obrador ganó la presidencia.

Por eso cuando Rocha apareció en la “chayolista” se encabronó y fue a la mañanera a reclamarle a López Obrador –su amigo- el que haya aparecido encabezando la dichosa lista que, sin averiguar mucho y con ayuda del gobierno, habría que tomar como los periodistas que fueron beneficiados en el sexenio de Peña Nieto, es decir, los amigos de Peña Nieto que cobraban para ensalzar la figura del presidente y callar las grietas de la presidencia. Así se interpretó y seguramente, así quería el gobierno que se interpretara.

Lo más penoso fue que aquel periodista que alguna vez fue estrella, aludió a una serie de razones personales, no tanto a las profesionales. Los que alguna vez lo admiramos sentimos pena ajena cuando confesó que uno de sus nietos se llamaba Andrés, por el presidente. Un poco menos cuando lo invitó a tomar un café a su departamento, le dio a entender, donde habían en estado otras ocasiones, como cuates –cuando aún no era presidente- y López Obrador mendigaba espacios en las telecomunicaciones.

En otra parte del reclamo leído como carta, Rocha le recuerda al Presidente que conoce muy bien a sus hijos a quienes refiere como titulares de una empresa que la lista considera propiedad de Ricardo y por lo tanto, con presencia en la chayolista. Las primeras palabras del presidente fueron – … decirte Ricardo que nosotros actuamos de buena fe-

Ricardo Rocha  –mi periodista estrella- con muchas ganas de conservar la amistad, aun le hace un espacio, da la oportunidad – a su amigo el Presidente- de negar la revisión de la lista –a lo mejor usted no leyó la lista y es obra de sus subordinados- No, si la leí – le responde al presidente- y dije, la lista va…y fue- Más penoso fue lo que le siguió… – Que cada quien se defienda como pueda- le dijo su amigo, el Presidente.

Al final y para terminar –el que tenga la conciencia tranquila no tiene de que preocuparse- dijo López Obrador y Rocha abandonó la mañanera, seguramente no imaginaba el escarnio que harían los youtubers amloístas y las benditas redes sociales, jóvenes  que no recuerdan quien fue Ricardo Rocha, una estrella en el canal de las estrellas, de cualquier manera lo trataron de chayotero.

Lo peor fue, el nombre del nieto. La pena ajena.

 

 

 

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