FERNANDEZ NOROÑA. Opinión. Por Arturo Meza O. /06 06 19/

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FERNANDEZ  NOROÑA

Por Arturo Meza Osuna

Cuesta ver al eterno inconforme del lado de un gobierno establecido. El tipo no se arredraba ante nadie: que hacía valla la policía con escudos y cachiporras, Fernández Noroña se ponía al frente para empujar mientras lanzaba consignas incendiarias; que el ministro comparecía y muy cuco lustraba su gestión, Fernández Noroña estaba ahí para desmentirlo y para cantarle sus verdades, ¡es usted un corrupto!; que agarraban al gobernador con la transa, ahí estaba Fernández Noroña para apuntarlo, pedir cárcel y castigo ejemplar; que el ministro de energía, el de Comunicaciones, el del IMSS, en sus comparecencias, a todos aplastó con su verbo impetuoso; que twitter osó bloquearle su cuenta, allá va Fernández Noroña a las puertas de la red social a protestar contra la injusticia; que Muñozledo le quiere llamar la atención sin razón, también lo increpa, lo enfrenta y se arma el alboroto en el Congreso, cuando la perra es brava…

Su fama, su notoriedad, viene de la inconformidad tremendamente honesta, la trae consigo, la arrastra y como toda ave de tempestad atrae a quienes lo detestan con odio feroz, pero también a quienes festejan sus actitudes frente al poder. Ha sido un paladín de las causas justas para las que siempre tiene una magnífica argumentación, su verbo es siempre racional, impetuoso, con la descomunal lógica de la izquierda pura y justiciera, solo los preparados pueden enfrascarse con Fernández Noroña en un duelo verbal, tiene poderosas razones.

No se sabe que sea un constructor, no se recuerdan puntuales iniciativas en los tantos años como legislador, no parece ser un teórico con la capacidad de crear leyes, planes de gobierno, grandes proyectos. Lo suyo es poner los puntos sobre las íes, encontrar las fallas junto con los culpables y sin ambages, sin sutilezas, emprender el combate en la tribuna, en la calle, donde quiera que sea, Fernández Noroña está ahí para decir lo que otros no se atreven. Podrás pensar que el ministro de transportes es un vaquetón de primera, Fernández Noroña también lo piensa pero además se lo dice en su cara; que el responsable de la seguridad del Estado es un sinvergüenza además de un asesino, Fernández Noroña va directo a la yugular y le repite las veces que quiera ¡asesino! ¡sinverguenza!, esto levanta a la tribuna, al individuo de la calle que tantas ganas tiene de tronar contra el ministro, madrearlo, enfrentarlo, pues Fernández Noroña si lo hace, él puede hacerlo.

Tiene una legión de admiradores por ese temple, esos modales que no son del todo elegantes –ni falta que hace- incondicionales, hinchas que se ven en el espejo de Fernández Noroña, un político que lleva los sueños del pueblo a la realidad. Un político que siempre estuvo en la  oposición, atizándole a los gobernantes y sus reformas, sus proyectos, sus iniciativas. Una posición más o menos cómoda para despotricar, para señalar con los ideales de la izquierda las ideas de la derecha, sus intereses venales, sus compromisos inconfesables, pero desde el 1 de julio que su coalición arribó al poder, Fernández Noroña ha cambiado de posición, ahora es gobierno, tiene que defender al Estado -tan odiado por todo revolucionario- ha abandonado la comodidad política de la oposición, ahora hay que construir.

Hace unos días una señora, en un aeropuerto lo llamó “pejezombie”, Fernández Noroña le responde muy amable, que él no le ha faltado al respeto. Luego la señora se dirige a López Obrador como El Peje, inmediatamente defiende al “compañero presidente” para quien exige respeto. Habíase visto al revolucionario Fernández Noroña solicitando –con todo comedimiento- respeto al “compañero presidente”. Han cambiado las cosas, el insurrecto, el eterno inconforme, se está despojando del personaje  que fue, a ese protagonista neurálgico que no importaban barreras para arremeter contra el sistema. Comedido, blando -sabe que es gobierno, que será atacado con las mismas armas que usó desde la oposición- se conduce con fineza y cortesía con la doña que lo insultó a mansalva.

Es que ahora está de lado del gobierno y el gobierno es un pesado fardo que no se mueve por los deseos de los revolucionarios impacientes, esos revolucionarios que han tardado en llegar, que pasaron años y años en la trinchera llenos de derrotas ante el implacable sistema. Al fin ha llegado pero no es una revolución, si acaso un gobierno reformista, quizás otro talante, un cambio en las formas, quizás en el fondo. El compañero presidente tiene que apaciguar todos los  frentes, tiene que hacer alianzas con los indeseables, gobernar para todos, equilibrar el barco, administrar. Hasta hoy, Fernández Noroña ha sido prudente, ha mostrado sus desacuerdos mínimos de manera discreta, complaciente. Continúa su  cruzada contra los neoliberales, los corruptos, los vendepatria. Desde la tribuna del congreso  fustiga al PAN, al PRI, a los empresarios, a los chayoteros, a los corruptos, sin embargo, cada vez menos comenta los movimientos de López Obrador, el compañero presidente.

Ya se ha tragado varios sapos.

¿será el congresista levantamanos conforme con la unanimidad de su coalición en la cámara? ¿será quien marque un camino a la Cuarta Transformación y denuncie sus desviaciones?.

Por lo pronto, necesitamos al Fernández Noroña inconforme así sea contra el compañero gobierno.

 

 

 

 

 

 

 

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