El presidente historiador. Artículo. Por Arturo Meza O.

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EL PRESIDENTE HISTORIADOR (Segunda parte de tres)

Por Arturo Meza Osuna.

Usos de la historia. Dice Krauze que López Obrador politiza la historia, subordina el interés general de conocimiento a sus intereses particulares. Se nota claramente en su última obra: Neoporfirismo. Hoy como ayer donde su tesis es una supuesta identidad de las últimas tres décadas con el Porfiriato, para esto, claramente AMLO se identifica con Madero, tal identificación lo obliga a negar los procesos democráticos –organización ciudadana, voto libre, instituciones autónomas-  por los que llegó a la presidencia.

La historia que practica AMLO es una historia crítica, una historia que relata los horrores que los caudillos aplican su acción transformadora, casi todo el porfiriato es tomado de Historia Moderna de México de Daniel Cosío Villegas. Cinco páginas le dedica López Obrador al capítulo de República Restaurada – Don Daniel dedicó 979 páginas-  básicamente para criticar a los liberales su apego al poder y de no edificar una democracia con bases en el pueblo, aprovecha para soltar su vieja consigna “un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. AMLO se considera liberal. Krauze refiere que no encuentra huellas de tal filiación.

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Analiza con detenimiento el Porfiriato, todas las características de un régimen unipersonal que evitó el desarrollo de la República, la represión de adversarios, la manipulación del congreso, el nepotismo, el gran elector de gobernadores, el culto a la personalidad, etc. Es decir, una “república simulada” sin embargo, en Neoporfirismo. Hoy como ayer, AMLO no muestra los elementos que provocaron el cambio de la república de los liberales juaristas hasta el régimen de un solo hombre, un salto inexplicable. Eso sí, el porfiriato lo describe perfectamente bien desde la desigualdad, la insalubridad, la explotación, la represión, del mismo modo, los temas económicos se refiere a los créditos que consideraba comprometedores de la soberanía nacional. Apenas reconoce los 20 mil kilómetros de vías férreas para finalmente sostener que el progreso del porfiriato es un mito.

Dice Krauze que si Don Daniel Cosío Villegas leyera el libro de AMLO, seguramente lo consideraría una obra maniquea de la historia, parte esencial es la exigüidad de las fuentes. Pero quizás más desconcertado estaría por el tratamiento a la República Restaurada, adolece de un problema común cuando se hace historia crítica “imponer al pasado categorías del presente”. “Si la República Restaurada hubiera adoptado la democracia popular, México, fuera menos desigual”- afirma López Obrador. En realidad muy pocos países tenían repúblicas justas y equilibradas en 1870. Los más avanzados democráticamente, Inglaterra y Estados Unidos, estaban muy lejos de ser ejemplo de moderación de riquezas e igualdad. Hacer mención del Estado benefactor de Noruega o Suecia es aun más anacrónico.

AMLO obvia que los liberales padecieron costosas victorias –la reforma, la intervención- el país estaba endeudado, violento, inseguro, México era extenso y fragmentado, incomunicado, siglos de atraso. Del 1867 a 1876 decidieron el liberalismo como forma de gobierno. Fue un momento de la vida nacional en los que se respetó la autonomía de poderes, la libertad de expresión, tanto Lerdo como Juárez creían en estas libertades, el propio López Obrador se ha declarado admirador de la República Restaurada como de Lerdo y Juárez pero no está muy claro si también cree en sus valores. En su libro, dice Krauze, AMLO no reconoce las aportaciones de los liberales. Si López Obrador se inspira en Cosío Villegas, no digiere como el historiador, la deuda de México con los liberales.

Igual sucede con la interpretación que hace López Obrador del Porfiriato, utiliza los valores del presente para juzgar el pasado. Don Daniel había analizado el Porfiriato desde el punto de vista del individualismo de la filosofía liberal que se vivía en occidente, consignó los avances en educación y salud aun cuando la revolución, reconocía Cosío Villegas puso en duda las bases del liberalismo del siglo XIX. Reconocía también Don Daniel que las metas sociales, económicas nacionalistas de la Revolución habían sido certeras que el molde liberal era el adecuado para el país. Creía en la acción productiva y acotada del estado, creía en los individuos antes que en el Estado, el contraste con López Obrador que no cree en las propuestas liberales de la Reforma como la división de poderes, la democracia representativa y el federalismo. Refiere Enrique Krauze que López Obrador se declara liberal solo porque sirve para llamar a sus críticos, conservadores.

Los tomos que Cosío Villegas se refiere a la Vida Política Exterior, no son citados en Neoporfirismo por López Obrador. No llamaron su atención, reflejan el arraigo provinciano, el desinterés por el mundo exterior, tal actitud, según Krauze, lo priva de la comprensión del momento histórico, asuntos como la dinámica de los mercados le parecen difíciles de entender. Por eso no entiende a cabalidad el Porfiriato y es contundente al afirmar de que Porfirio Díaz mermó la soberanía de México, asunto que analiza con detenimiento y niega Cosío Villegas, igual sucede con el progreso porfirista, aque López Obrador, sin mayores análisis, concluye que es un mito.

Hay una ambigüedad en su crítica al Porfiriato, se encuentran proyectos porfiristas en la Cuarta Transformación como la siembra de miles de frutables y maderables o el tren del sureste. El ferrocarril como motor del progreso es una idea muy porfirista. No los aviones, no el futuro.

López Obrador pasa por alto desde donde se construyó el progreso porfirista, se venía de muy lejos, fue una obra titánica que no se podía emprender sin inversión extranjera. Para López Obrador el progreso no proviene de los mecanismos del mercado o las empresas, cuyo aporte no acepta, sino del Estado, de su obra pública y de la explotación de los recursos naturales, al frente, dice Krauze, un hombre providencial.

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AMLO hace una crítica a lo que considera la utilización equivocada del poder pero no la dimensión del poder porfirista.

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