CIRUGÍA EXITOSA. Relato. (19 02 19) Por Arturo Meza Osuna

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CIRUGIA EXITOSA

Por Arturo Meza Osuna

Temprano empezaste la visita al piso, serían unos 20 pacientes que había que revisar, observar su evolución, cambiar gasas, analizar heridas, valorar tratamientos, solicitar exámenes de laboratorio o imagenología, dar de alta, explicar a los familiares, infundir ánimos, decir verdades, dar esperanzas, tocarlos, saludarlos. Los residentes presentaban al paciente con la clásica cantaleta: “paciente masculino, de 45 años de edad que inicia su padecimiento el día tal con un dolor situado en tal lado, que acudió por primera vez a facultativo externo quien le prescribió ..  etc.”. Fue cuando llegaste a la cama 25 que surgió el problema. “…masculino de 42 años, enviado de Santa Rosalía por isquemia del brazo derecho, producido por traumatismo crónico y repetitivo con una muleta a nivel del plexo braquial –la axila- la mano está fría, pálida, no hay pulso ni sensibilidad, tampoco tiene movimiento, se le ha elaborado un traslado a México DF para ser operado porque no contamos con especialista en angiología ni instrumental adecuado” . ¿Cuántas horas lleva en ese estado?-preguntaste –casi 10 horas. Para lo único que se va a trasladar a México es para amputarlo, vamos pasándolo a quirófano- dijiste.

Después sabrías que las muletas las utilizaba desde niño a causa de secuelas de polio, que estaba casado, que tenía 4 hijos, que se dedicaba a arreglar electrodomésticos, cualquier licuadora, plancha, tostadora, microondas o lavadora no tenían secretos para él. Naturalmente estaba preocupado por el destino de su mano y su brazo. Su esposa sollozaba discretamente en un rincón de la habitación del hospital

En efecto, el jefe de cirugía había donado un equipo de angiología básico, tijeras de Castroviejo, pinzas de Zatinsky, pinzas bull dog y otro tipo de material especial. Fuiste a la central de equipos y te cercioraste de la presencia del instrumental. No había tiempo que perder, una o dos horas más la isquemia sería irreversible, aun bien operado, había probabilidades que el brazo no mejorara y que hubiera que, finalmente amputar.

-Vámonos, rápido- arengaste a tus ayudantes y a las enfermeras del quirófano. En un rato el paciente estuvo dormido, después de lavarte, colocaste los campos operatorios y empezó la operación con una gran herida de 12 cm a nivel de la cara interior del brazo derecho, disecaste los planos y después de pasar el plano muscular encontraste la arteria braquial sin pulso, morada, oscura. Le colocaste riendas arriba y abajo y entre dos pinzas bull dog hiciste una incisión longitudinal sobre la arteria, lo que se vio en su interior fue un coágulos que bloqueaba totalmente la luz de la arteria, con una pinza tomaste el coágulo que se desprendió fácilmente, lo traccionaste y salía más y más coágulos macizos moldeados en la arteria, hasta que salieron como 15 cm de coágulo y detrás de la última porción un débil flujo sanguíneo rojo, brillante que poco a poco fue a más, pasaste más anticoagulantes en  la arteria, ordenaste que pasaran heparina sistémica. Al rato el flujo era más fuerte y empezaba a tener pulso

castrados

Con las riendas bloqueaste el flujo para suturar la arteria, una vez cerrada la arteria, soltaste las riendas, la arteria se expandió y empezó el pulso a golpear fuertemente las paredes arteriales. Cuando la arteria se selló dejó de ser la atención porque la atención se centró en la mano que seguía pálida, fría y sin pulso. Pasaron 5, 10, quizás 15 minutos de espera que parecieron una eternidad, la mano se tiñó de rosa pálido, apenas subió su temperatura pero no tenía pulso. El equipo quirúrgico se preguntaba si esa mejoría mínima no eran en realidad ganas de que así fuera.

Era cuestión de esperar, ya sin el bloqueo del coágulo no sabías que tanto respondería dado que la isquemia había llegado a cerca de 10 horas. Tus ayudantes hicieron el resto, cerraron por planos la incisión del brazo, envolvieron el brazo y el antebrazo con un gran amasijo de algodón a su vez sostenido por vendas elásticas para darle calor a la zona operatoria y se pasó al paciente a recuperación donde se le colocaron lámpara para aumentar el calor. Cuando el paciente recuperó la conciencia la mano casi tenía color normal, se podía sentir un pulso leve y tenía movimiento mínimo, ahí supiste que con un buen programa de rehabilitación, el hombre volvería a ser útil, volvería a reparar licuadoras y planchas, conservaría su trabajo y mantendría a su familia.

La cirugía fue un éxito. Tu jefe lo supo y te felicitó, te ganaste la admiración de los residentes, tus ayudantes, que murmuraron ¡que chingón! no pararían de hablar de la hazaña en la primera borrachera, las enfermeras te veían con renovado respeto. El Hombre agradecido quiso besarte la mano, su mujer llorando no hallaba palabras para agradecerte.

En plena levitación te dirigiste al estacionamiento, no miraste a los lados, caminaste por el aire, una extraña fuerza te sostenía, no tocabas el suelo, la mirada por encima de todos que los veías pequeñitos, el ego henchido, gordo, monumental, así pasaste la calle, sólo volviste a la realidad cuando, a punto de subirte a tu auto, pisaste esa asquerosa mierda de perro.perro

 

 

 

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