Días de luto y lágrimas. Coincidencias. Por Luis M. Dibene Getaldo

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A h o r a !

Luis M. Dibene Geraldo

  • DÍAS DE LUTO Y LÁGRIMAS, ESAS COINCIDENCIAS QUE TIENE LA VIDA CUANDO SE VA NUESTRA GENTE, UNO TRAS OTRO…
  • SÍ, AHORA EN EL MISMO DÍA SE FUERON PARA SIEMPRE RAÚL OLACHEA, ERNESTO ARÁMBURO E IGNACIO, NACHO, AYALA LUKEN.

En algunas ocasiones he publicado pensamientos de este tipo (sobre la partida, el fallecimiento, de un ser querido) pero tampoco es generalizado (sería indebido de mi parte) sólo lo hago, por ejemplo, en tratándose de alguien de amistad o cercano, incluso de un ser querido familiar (como el de dos tíos, dos prim@s y una hermana) y/o a petición, porque se van para siempre quien fue o tuvo ciertas peculiaridades, o apreciación de la sociedad y/o familiar, gente que en alguna forma se distinguió-para bien o para mal-según el cristal con que se mire, y en los casos familiares de un ser querido que obedece sólo a un sentimiento muy propio, no necesariamente al juicio de la sociedad.

Sin embargo ahora lo hago de nuevo porque se volvieron a repetir esas coincidencias que a veces se dan y nos llegan en la vida…,“Qué cosas tiene la vida, Mariana…” (Alberto Cortez) de sentidos fallecimientos de apreciables personas y familias en el mismo tiempo y espacio. Son pues notas sensibles sociales, humanas…Miren, por ejemplo, hace unos pocos años a fines de diciembre y entrando enero precisamente, primero fue el fallecimiento de la Sra. Mª Estrella Romero, leal compañera de la APYR de B.C.S., al siguiente día, la noticia fue la de un muy cercano ser querido, mi cuñado, el Lic. Carlos Vázquez Pineda; luego un día después la muerte de don Arturo Sotelo y Cannet, padre de muy apreciada familia y finalmente-por ahora, eso espero-del camarada al que conocimos y tratamos hace mucho tiempo, Francisco Beltrán, el famoso “Pelón”; y creyendo que aquí se cerraba este fatídico ciclo  nos comunican que también había muerto nuestra vecina, la Señora Dulce Agruel, esposa del Profr. Cesáreo Mayoral M., no es posible Adán García tanta coincidencia, le dije a un amigo, si apenas ayer estuvimos en el 4º. velorio, el del Pelón; caramba, cuántas coincidencias, cinco vidas cercanas a nosotros que se apagan casi al mismo tiempo y que tuvimos que acompañar; (Cest la vie) así es la vida…y la muerte.

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*SIN AMBARGO AHORA A FINES DE DICIEMBRE VUELVE ESTA COINCIDENCIA DE CUATRO CERCANOS.

Sí, tan sólo al fin de este año a muchos de nosotros de esta sociedad y entidad nos conmovieron algunos fallecimientos de personas muy conocidas y/o de amistad, de valoración. Me refiero a que en el mismo día-con pocas horas de diferencia-murieron, primero, Raúl Olachea Lucero, ganadero, empresario, promotor de eventos de palenques y de boxeo, y sobre todo, amigo, dicharachero, de carácter en su momento y humanista en la amistad. Ahí en su velorio le di nuestro pésame a su esposa Esthela Villalobos y a su hija e hijos, Pancho, Arturo, Raúl…Por cierto en sus últimos años Raúl fue cafetero ocasional en el Café de Lupita donde reconfirmó muchas viejas amistades. Yo tuve con él pláticas especificas-entrevistas particularmente sobre el boxeo y la ganadería sudcaliforniana, de la jugada de gallos, de nuestro póker cuando jugábamos, en fin.

*De ahí, le siguieron, no sé con cuantos minutos de diferencia, los fallecimientos del viejo conocido y amigo de muchos, don Nacho, Ignacio Jesús Ayala Luken, hermano mayor del Cap. Alberto Ayala, el Pato, de mucho aprecio y trayectoria en B.C.S. y después como piloto aviador de carácter internacional; de Carmelita Ayala y toda esa gran familia tan conocida; su esposa, hoy viuda, Laura Campbell; Nacho era Ing. químico industrial y maestro en el Tecnológico de Monterrey por 30 años (Él era de aquí, incluso su primaria la cursó en la Esc. 18 de marzo). Vivió 54 años en Monterrey y volvió a su tierra, La Paz, hace 10 años donde él quiso morir, al decir de su hermano (que siempre lo acompañaba), el Pato Ayala; sus tres hijos vinieron a estar en su final…

* Y ERNESTO ARÁMBURO VERDUGO FUE EL 3º. Y ÚLTIMO DE ESTA NEGRA RACHA DE AMISTADES.

Sí, amigos que partieron a la eternidad. El tercero de esta coincidencia de “uno tras otro” fue casi al mismo tiempo, Ernesto Arámburo Verdugo, que, me dicen, todavía llegó una corona al velorio de Raúl Olachea con el letrero tradicional: “Ernesto Arámburo y esposa”; y ese mismo día, él, Ernesto, murió…, ya tenía algún tiempo con deteriorada salud…pero miren la coincidencia.

Quiero decirles, lectores amigos, que a Ernesto lo conocí desde muy joven cuando yo era profe en la primaria de “los Divisaderos”, comunidad de La Paz, y me relacioné con él por mi amistad tanto con Héctor Arámburo como con Antonio Tolentino, primo y cuñado de Ernesto (mi compadre Tolentino después). Cada dos semanas que venía me invitaban al dominó allá en “la Superior”, que Don Ernesto Arámburo era distribuidor de esta muy buena cerveza, también de La Peñafiel y empresario de “Maderas y Materiales” además, y así, él se significaba por tener, dar, un trato de grata sencillez, trataba bien a empleados y clientes, a sus amigos, en fin…

Debo decir que a Ernesto Arámburo con el paso del tiempo lo consideré como UN MAESTRO DE VIDA (junto con otros dos-tres prototipos, de otros perfiles) que aunque sin ellos proponérselo me enseñaron y/o les aprendí muchas cosas, situaciones, conducciones, tratamiento y el de conocer a personas y conductas, etc. de y para la vida, desde al más encumbrado hasta el más humilde, como eran ellos mismos…El amigo Ernesto Arámburo procreó con su Sra. Esposa Thelma Ceseña una muy bien formada familia, con hijos profesionistas y empresarios que heredaron sus capacidades y formas de ser. Aunque él tenía en esa etapa varios primos, parientes, en la alta política: Ángel Cesar Mendoza Arámburo, Alberto Alvarado Arámburo, gobernadores, y otros; sí, eran sus amigos pero él siguió con sus negocios y su sociedad a su estilo y manera, “casi no los molestaba” pero los quería.

Sin embargo pasó el tiempo y de pronto “le perdí la huella” cuando traspasó sus negocios y se retiró en ese sentido y en el otro también, en el de su vida social abierta, la del canto y guitarra (muy bueno), de brindar con sus amigos, en fin…; se volvió discreto y más a lo familiar, siempre sonriente y afable. Fue un buen hombre y ser humano grande.

Cuando me dieron la infausta noticia de su partida, fue tarde, pues lo busqué-como a los demás velorios a los que acudí- y ya no lo hallé, pero mis oraciones fueron directas para él, las que llegaron hasta la celestial mansión de Dios donde seguramente allí se encuentra, descansando en paz.

* ÚLTIMA REFLEXIÓN SOBRE ESTAS PARTICULARES Y EXTRAÑAS COINCIDENCIAS EN TIEMPO Y ESPACIO DE PERSONAS O SERES QUERIDOS, APRECIADOS, QUE NOS DEJARON.

Así pues ante estas cosas reflexiono: la vida, y para algunos Dios también, tiene a veces cierto tipo de sorpresas como si quisiera hacernos, como luego se dice, “una mala jugada” con nuestros sentimientos, con nuestras fortalezas, porque, por ejemplo, nos presenta una serie de hechos, casos y situaciones como para reflexionarlas detenidamente, verbigracia esas particulares y extrañas coincidencias en tiempo y espacio de personas o seres queridos, apreciados, cercanos, que con mínima diferencia de días y horas se nos van, se fueron para siempre al viaje sin retorno. Bueno, digo esto porque estos eventos luctuosos nos acaban de suceder a algunos de nosotros precisamente, aquella vez en enero y ahora a fines de diciembre en este espacio, nuestra ciudad, así sucesivamente uno tras otro. (La cuarta persona era un primo mío, Roberto Geraldo, pero no lo puse hoy pues me pidió un familiar que lo hiciera para más adelante…). Ahora!

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   (Tema que ahora envío de nuevo para mi querido compadre Toño Tolentino y su esposa, nuestra comadre Rosarito Arámburo, con fraternal cariño). La Paz, B.C.S. a 11 de septiembre de 2018.

 

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