Chavalo Pérez (Relato). Arturo Meza. Sólo para recordar. Ramón Silva L.

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 CHAVALO PEREZ

Por Arturo Meza Osuna.

setuesNo nos daban becas a los foráneos, solo a los paceños, había que tener “palancas”, un padrino para obtener una beca.  La vez que fuimos a ver al gobernador Agramont, solo nos dio una carta de recomendación inservible dirigida al rector Soberón para que “nos ayudara”. A quiénes éramos de la provincia sudcaliforniana, aun cuando fueras un genio y tuvieras calificaciones perfectas –como las mías- difícilmente podías aspirar a una beca del Patronato, los paceños aun con calificaciones pésimas y con buenas posibilidades económicas, se hacían de las becas. Por eso fue que nos juntamos para “caerle” inopinadamente a la Casa del Estudiante.

Éramos 11 los que llegamos a la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en México para hacer el examen de admisión a la UNAM y al Poli, así de sopetón sin avisar, obviamente el  profe Chavalo Pérez nos dijo que no podíamos quedarnos, que no había lugar y nosotros montados en el macho de que algún lugar, un campito nos podían hacer. Se hizo la discusión, se amontonó la gente. Nosotros que no teníamos dinero, que no nos daban becas, que esa era la Casa del Estudiante Sudcalifoniano y que éramos estudiante y también sudcalifornianos, por lo tanto, también era nuestra casa y que no nos podían rechazar, pues que no –decía Chavalo, mientras otros trataban de mediar para llegar a una solución. El Pancho Ahumada le dijo que yo era su primo, que me podía hacer un lugar en su cuarto y así fueron surgiendo soluciones hasta que finalmente todos nos acomodamos, Chavalo se quedó enojado pero nos soportó el medio mes que pedíamos. Eso sí, con restricciones -que no podríamos comer en la Casa y que apenas recibiéramos nuestros resultados –positivo o negativo- abandonaríamos la Casa. Así quedó el asunto.

Nos decían: si recibes un sobre pequeño, ya la hiciste, en ese sobre viene un baucher para que pagues la inscripción; si es una sobre grande, de papel manila, ve comprando boleto porque son los papeles que entregaste y te los devuelven. Así pasamos 15 días en la espera del sobre chico y el sobre grande. Chavalo nos pasaba por un lado, no nos digería, no se le pasaba la muina -¿no hay noticias?-

Cuanto recibimos nuestra aceptación en la UNAM, salimos de la Casa, le dimos las gracias a Chavalo y le pedimos disculpas por los problemas causados. Conseguimos un departamento de tres recámaras muy cerca de la Casa, a unas cinco cuadras, al otro lado del Viaducto Miguel Alemán en la Colonia Algarín, nos fuimos a vivir ahí El Peny Manríquez, su hermano Saúl, Alberto Vargas, Juan Melgar, Juventino Cota, Ernesto Adams y yo, luego esa alineación cambiaría constantemente, salía uno, entraba otro. El Peny se encargaba de ordenar todo, desde comisiones de aseo, de contabilidad, de comida, de cultura, todo estaba ordenado hasta que se fue.

recordando

Hacíamos una comida en forma, ya sea abonados en casa de la Señora Nambo que tenía una casa de asistencia donde vivían varios sudcas, otra temporada comimos en una fonda cercana al departamento, “La Tlaxcalteca” que nos cobraban a 8 pesos la comida que consistía en un guisado –una milanesa, caldo de pollo, hígado encebollado, etc. con arroz (¿con huevo o sin huevo?), un postre que era una fruta una tajada de melón o sandía o un plátano y cuando el dinero escaseaba, acudíamos a comer a la Casa del Estudiante. ¿Qué andas haciendo Ahumada?- me saludaba Chavalo Pérez que nunca se le olvidó que era primo del Pancho Ahumada. La mecánica para comer en la Casa del Estudiante era preguntar primero si alguien no acudiría a comer –que el Virolo va a comer con la novia, – que el Pepe fue a una comida de la oficina, – que el Adán anda de vacaciones, – que el Marías salió de viaje, o no faltaba alguien que así sin más –dile a Doña Maxi que te de mi comida, hoy no tengo hambre. Nos llamaban gaviotas.

Otras veces íbamos a la Casa del Estudiante solo a platicar, a enterarnos de noticias del terruño, Chavalo se quedaba a rememorar sus días de San Antonio, sus amistades, sus aventuras por la sierra. Otras veces íbamos con Chavalo para pedirle prestado para ir al beisbol, a regañadientes pero siempre nos prestaba. Era fanático de los Diablos Rojos así que una de las limitaciones para el préstamo era que le fuéramos a los Tigres –se me hace tu eres tigrista, Ahumada- decía.

Un día llegué a la Casa y con la novedad que le andaban haciendo una despedida a Chavalo Pérez, ya no lo volví a ver, terminó su ciclo como director apenas llegado al gobierno de Ángel César  Mandoza y se quedó Carlos Moyrón de director donde duró muy poco, las cosas habían cambiado, la ciudad también, se hicieron los ejes viales, cambiaron el sentido de las calles, la ciudad de México era más monstruosa, algunos terminamos los estudios y nos mandaron al servicio social al fin –iba a decir al culo- del mundo. Cambiaron la Casa de la colonia Álamos a La Viga.

Chavalo Pérez se refugió en San Antonio donde luego sabríamos de su muerte a la que acudieron muchos de sus compañeros, casi todos profesionistas becados en la Casa del Estudiante, era una excelente persona.

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SÓLO PARA RECORDAR                                         FOTO R.SILVA.

Por: Ramón Silva López            

Corría el año de mil novecientos cuarenta y seis. La vida de La Paz, de este bello puerto se desarrollaba sin contratiempos; era una vida rutinaria, asistir a misa los domingos; los chamacos al “matiné” de los días domingos. Allí podíamos mirar aquel adolescente inquieto de nombre Víctor Cota León, que, desde muy joven, se fue a buscar nuevos horizontes a la ciudad de México donde hizo su vida; ¡y vaya vida! Con el tiempo Víctor Cota León trabajo para varios periódicos y revistas en la capital de la república, hasta llegar a ser director de la importante revista deportiva “la afición” en la cual, con el tiempo, por su experiencia, llego a ser director de ese importante medio deportivo. Víctor Cota León, se relacionó con deportistas de importancia, y de primer nivel como son: boxeadores…, luchadores y otros deportistas de fama internacional; Víctor Cota León tuvo una vida fructífera como periodista deportivo. Está muy relacionado internacionalmente con medios deportivos; nuestras felicitaciones y parabienes para este gran sudcaliforniano qué puso, muy en alto los valores deportivos de Baja California Sur. Él nunca presumió, ni hizo aspavientos de su gran conocimiento; por eso valorizamos, mas, su grandeza: recuerdo yo aquella época de mil novecientos cuarenta y seis, cuando en el “Cine Juárez”,  exhibían películas de piratas con “Paul Henried” muchas de esas películas vimos, estábamos “muy relacionados” con los piratas; recordamos al gran, Gilbert Rolland, a Don Errol Flin, y tantos otros que nos emocionaban cuando mostraban, y emocionaban, con sus dotes artísticos de piratas, “bucaneros” y corsarios” huuf! Que emoción! También como no recordar al gran texano William Boyd, “Hoppalong Cassydy” cuando perseguía a “los cuatreros”. Como no recordar al gran Jhony Weismuller, “tarzan”, su compañera Mauren o Sullivan “Jane” y Jhony Sefield, “Boy” y como olvidar a “chita” el chimpancé que nos divertía con sus marometas: qué tiempos aquellos de nuestra edad de la inocencia; recuerdo esto por que varios de los que aún nos aferramos a esta vida andan, con su mejor amigo; yo antes pensaba que el mejor amigo del hombre era el “perro” con el tiempo, descubrí, que el mejor amigo del hombre, es “el bastón” ¡niéguelo!….Estábamos tan emocionados con “los piratas” por las películas del “Cine Juárez” que manejaba Don Enrique Vonborstel que cuando no teníamos para comprar boleto para “el matiné” él nos dejaba entrar, a media película, ¡gratis! Era muy consciente y muy buena persona, Don Enrique Vonborstel “el plike” nosotros ya teníamos grabados en la mente como eran  los piratas, como asaltaban  en plena travesía para robar los tesoros que venían en las bodegas; resulta que un día, muy temprano en el periódico de don Eduardo Garay Brings, “Baja California”, salió un notición mañanero; “fue sorprendido un barco pirata en alta mar” arribarán con el barco pirata en el muelle fiscal el barco, arribó , y a los piratas se los llevaron detenidos a la cárcel pública que era el “Sobarzo” y  mientras duraban las investigaciones a los piratas los llevaban todas las mañanas al ministerio público; a pie los llevaban todos los días y en nuestra mente de niños nos imaginábamos a los piratas con su tradicional traje y con sus espadas, fuimos a la calle dieciséis de septiembre para ver pasar a los piratas, emocionados esperamos  que pasaran los marinos con los piratas, y, oh decepción.: los piratas era unos pobres pescadores, mal vestidos que producían compasión. Caras mustias y rostro triste era lo que demostraban esos pobre pescadores que quizás perdieron el rumbo y se cruzaron el límite de la zona permitida para pescar; estos pobres parecían de todo: menos piratas como nos los imaginábamos…humm.: que, decepción.: deseo que les haya gustado esta reseña y nos vemos, en la próxima. . . . . . . .

 

 

 

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